Lo que pensamos

En este blog queremos difundir, todo tipo de cultura solidaria, producida desde la pobreza y por los empobrecidos mismos. A este titulo haremos un sitio especial al pensamiento de Joseph Wresinski, pobre entre los más pobre, cura y fundador del movimiento Cuarto Mundo.Fieles a nuestros origenes les proponemos el enlace con las fuentes originales de sus textos. Pero proponemos también todos los materiales que nos han inspirado.

Estos textos, discursos, extractos de libros, videos que os proponemos dialogan entre ellos y son una fuente de inspiración y esperanza para los que quieren desde la Noviolencia luchar para un mundo de justicia y de paz para todos.

El criterio de pubicación en este blog, es que hayamos realmente usado esos materiales para preparar una acción...O dicho con otras palabras: que este conocimiento nos haya conducido al acción y la ESPERANZA

NOVIOLENCIA y CUARTO MUNDO

Conferencia preparada por Joseph Wresinski, en respuesta a la invitación del "Arca" de Lanza del Vasto, 1987....Extractos.

Texto integral de la conferencia aqui:


No soportar que las familias sufran hasta tal punto privaciones materiales innumerables y a la vez desprecio es lo que nos llevó a algunos, cada vez más, a querer vivir y compartir con ellos. No para llevarles comida y ropa, sino para compartir su sufrimiento, comprenderlo desde dentro y transformarlo, con las familias, en honor y esperanza.(...)Teníamos que ir a vivir con ellas. Haber compartido el sufrimiento del desprecio es lo que nos ha hecho descubrir que la historia de los más pobres es una historia de violencia. No dicen que les han pisoteado sus derechos; dicen que miremos su sufrimiento, que les ayudemos.(...) El Cuarto Mundo sabe, como lo sabían ya sus abuelos por experiencia, que cuando se es demasiado miserable los derechos ya no importan.

No queda más que esperar la piedad. Los más pobres saben por experiencia que hasta los Derechos Humanos sólo valen para los hombres a los que se reconoce como tales, que no valen para los hombres sospechosos de ser sub-hombres, inferiores, desechos. Saben que el último amparo del hombre no son los derechos recogidos en las declaraciones o en las constituciones. Saben que el único amparo del hombre es la misericordia, el amor, la justicia y la paz basadas en el amor.(...)Pero para vivir, para que la vecina les preste un poco de leche, para que el vecino ayude a llevar a la mujer al hospital, hay que perdonarse una y otra vez las peleas, las calumnias del día anterior. Sin perdón, sin mansedumbre, no hay vida posible en el edificio donde vive demasiada gente, en el barrio de mala fama.(...) Pero esta mansedumbre personal, olvidada un día de demasiada pena y que renace al día siguiente, se vuelve contra quienes viven así. “Cuánta inestabilidad, cuánta inconstancia”, dicen los servicios sociales y la gente de alrededor. “Andan siempre a la gresca y luego les ves tan amigos”, dicen burlándose. Es la búsqueda de una paz imposible, la más desesperada que existe. Es una búsqueda de paz, de fraternidad, por otra parte peligrosa, porque sigue siendo una estrategia personal para obtener un alivio inmediato. Además, mantiene el statu-quo de las falsas relaciones entre los ricos y los pobres. Provoca en nosotros los gestos de una piedad que jamás llega a la fraternidad. Sopa de caridad, distribución de ropa, reparto de material sobrante, regalos de Navidad, leche para los niños en el comedor escolar. ¿Qué significa dar leche en la escuela si la escuela no se transforma?...La inferioridad que hiere, en la impotencia contra las humillaciones. Este falso amor destruye al hombre más que el hambre. Por eso la búsqueda personal de paz es peligrosa para los más pobres. La no violencia que cambia el mundo es la que lleva a las familias a tomar una postura juntas. Es la no violencia consciente, común y activa. También nace en el Cuarto Mundo.

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CONOCER y RESPONDER

" El pensamiento de los más pobres en un conocimiento que provoca a la acción..."
Joseph Wresinski, 1980, Palacio de la UNESCO, Paris


Extracto:(...) Se trata de la función (y yo diría de buena gana del deber) que tienen los investigadores del campo de la pobreza de hacerle un sitio al conocimiento que los más pobres tienen de su propia condición. Hacerle un sitio a este conocimiento, rehabilitarlo como único e indispensable, autónomo y complementario de toda otra forma de conocimiento y ayudarlo a desarrollarse. Y a esta función, ya lo adivináis, se añade otra: la de hacer sitio, rehabilitar y ayudar a consolidarse el conocimiento que pueden tener los que viven y actúan entre los más pobres y con ellos. Ciertamente no es la primera vez que hablamos con vosotros de estas dos partes de un conocimiento global a las que vosotros añadís una tercera parte: la del observador exterior. (...) Cayendo en la trampa de una sociedad que creía en la supremacía del conocimiento universitario, nuestras universidades han creído, y nosotros con ellas, que lo que el mundo necesitaba para combatir la pobreza era el conocimiento universitario.

Y cuando los estudios y las investigaciones desaparecían en los cajones de los políticos y las administraciones, sentíamos auténtica frustración. Decíamos que era por razones políticas, por falta de voluntad política, por lo que los mejores estudios no llevaban a decisiones favorables para los pobres.

Era casi exactamente ese matiz: el fallo no fue tal vez sólo de los políticos, sino también nuestro, porque el carácter de nuestros trabajos no podía atraerlos a la lucha. (...) el conocimiento construido de esa forma era un conocimiento instructivo, pero no necesariamente convincente, y que la parte complementaria susceptible de convencer no podía ser aportada por el propio investigador universitario, sino únicamente por los pobres y los hombres de acción.

Todo hombre piensa, conoce y se esfuerza por comprender; todo hombre actúa para un fin que es su fin y su pensamiento se organiza en función de ese fin. En este sentido, todo acto de pensamiento es susceptible de ser un acto del ser humano para su propia liberación, y lo repito, porque el Movimiento es testigo de ello en muchas zonas de miseria del mundo: todo ser humano,

también todo grupo, busca hacer realidad ese acto. (...) Los que piensan que los hombres totalmente empobrecidos son apáticos y que, por consiguiente, no reflexionan, que se instalan en la dependencia o en el mero esfuerzo por sobrevivir cada día, se equivocan gravemente. Ignoran los inventos de autodefensa de que son capaces los pobres para escapar de la influencia de aquellos de los que dependen, para salvaguardar una existencia propia, cuidadosamente escondida detrás de la vida que despliegan a modo de cortina; detrás de la vida que interpretan para engañar a quien mira desde el exterior. Ignoran el desesperado esfuerzo de reflexión y de explicación de ese hombre que no deja de preguntarse “¿Pero quién soy yo?”, que no para de decir “¿Por qué me tratan así, como si yo fuera un trapo, un perro, un sinvergüenza? ¿Es que soy un sinvergüenza?” A costa de un doloroso esfuerzo de pensamiento, no deja de levantarse de entre esas falsas acusaciones que son otras tantas falsas identidades que se le atribuyen, y se repite “No, no soy un perro, no soy ese imbécil en que me han convertido. (...)

Sabe cosas que otros tal vez no comprendan jamás, que ni siquiera lleguen a imaginar. Su conocimiento, por poco elaborado que sea, gira en torno a todo lo que representa estar condenado de por vida al desprecio y la exclusión. Engloba todo lo que eso representa en cuanto a acontecimientos, en cuanto a sufrimientos, pero también en cuanto a esperanza y resistencia frente a esos acontecimientos. Conlleva un saber del mundo que le rodea, el saber de un mundo en el que él solo conoce los comportamientos para con los pobres como él. El mejor investigador del mundo es incapaz de imaginar esas cosas y, por consiguiente, de formular las hipótesis y plantear las cuestiones que interesan. Hemos dicho que el investigador se encontraba allí ante un campo de conocimiento sin los medios necesarios para controlarlo. Se encuentra, en cierto modo, en el jardín secreto de los más pobres. Nadie puede entrar en él si no cambia de situación de vida para lograr que los más desfavorecidos hablen con confianza y comprender lo que dicen. Tal como es, el investigador no tiene los medios para adueñarse del contenido de ese jardín secreto; pero, además y sobre todo, no tiene derecho a hacerlo.

Porque ningún hombre tiene derecho, aunque sea en nombre de la ciencia, a perturbar a otro hombre en su esfuerzo, tal vez torpe pero porfiado, por desarrollar un pensamiento liberador. Y ningún investigador tiene derecho a aprovechar los esfuerzos de los más pobres por liberarse para luego devolverlos a la servidumbre. Porque, repito, perturbar a los más pobres en su pensamiento, utilizándolos como informadores en lugar de animarles a convertir su propia reflexión en un acto realmente autónomo, es esclavizarlos.


Joseph Wresinski. Dic 1980, UNESCO Paris
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